El problema no es el banco: es el aval público
El aval público que respaldó los créditos ICO —su principal ventaja en el momento de la concesión— es hoy el elemento que determina los límites de lo que se puede hacer con ellos. Y esos límites son estructuralmente distintos a los de la deuda ordinaria, con independencia de si las ventanas de extensión normativa están disponibles o no en un momento dado.
A diferencia de la deuda ordinaria, la deuda avalada por el ICO no puede modificarse mediante negociación bilateral estándar. El aval introduce condicionantes regulatorios que el banco no puede ignorar y que la empresa no puede sortear sin el marco jurídico adecuado. El banco que gestiona un crédito ICO no actúa solo como acreedor: actúa también como gestor del aval público, con las obligaciones y restricciones que eso implica. Puede haber voluntad negociadora, puede haber relación consolidada, puede incluso haber ventanas normativas disponibles — y aun así el marco regulatorio del aval limita lo que es posible acordar bilateralmente. No es un problema de actitud del banco: es una restricción del instrumento.
Tres condicionantes que definen el marco
1. Las ventanas de extensión: disponibilidad limitada y condiciones estrictas
Entre 2021 y 2023, la normativa habilitó ventanas temporales específicas para modificar las condiciones de los créditos ICO: extensiones de plazo de hasta 8 o 10 años, períodos de carencia adicionales y cierta flexibilización de condiciones. El estado exacto de esas ventanas —si están disponibles, bajo qué condiciones y para qué líneas— depende del momento, de la línea concreta y de la entidad financiera, y debe verificarse caso a caso.
Pero lo relevante no es solo si la ventana está abierta o cerrada. Es que incluso cuando las ventanas están disponibles, su uso está sujeto a condicionantes regulatorios específicos que el banco no puede ignorar. La presencia del aval público limita la flexibilidad de la entidad con independencia de lo que ambas partes quieran acordar. El resultado es que las herramientas de ajuste táctico tienen un alcance real muy inferior al que muchas empresas asumen.
2. El límite de plazo y el problema del calendario
Incluso cuando se aplicaron extensiones dentro de las ventanas habilitadas, el marco regulatorio establece un límite máximo de entre 8 y 10 años para los créditos avalados. No es un límite que el banco pueda excepcionar unilateralmente: es una condición estructural del aval público.
Este límite tiene una consecuencia práctica que pocas empresas han calculado con precisión: un crédito ICO COVID concedido en 2020 tiene vencimiento máximo en torno a 2028 sin necesidad de un Plan de Reestructuración. Estamos en 2026. Para una empresa con volumen de deuda ICO relevante, eso significa que el margen residual dentro del marco ordinario —incluso con ventana disponible— es de dos años. No es suficiente para resolver un problema estructural de pasivo.
El Plan de Reestructuración (PDR) cambia esa ecuación precisamente porque sale de ese marco temporal: permite reordenar el pasivo con mayor libertad de plazos y condiciones, sin estar sujeto al límite de los 8-10 años del aval público. Para empresas con deuda ICO significativa, esa diferencia es la que determina si la solución es viable o no.
3. Superar los límites exige un Plan de Reestructuración formal
Esta es la consecuencia práctica más relevante: cuando las vías ordinarias están bloqueadas, la única solución viable pasa por articular un Plan de Reestructuración conforme al marco legal vigente —en España, la Ley Concursal reformada por la Ley 16/2022.
ICO COVID e ICO Ucrania: misma lógica, distinto momento
Aunque surgieron en contextos diferentes, las líneas ICO COVID y las vinculadas a Ucrania comparten los mismos elementos determinantes: aval público, condicionantes regulatorios específicos y limitaciones en su modificación posterior.
La diferencia relevante hoy es de calendario. Muchos créditos ICO COVID están ya en fase crítica —próximos a vencimiento o con estructuras que no pueden sostenerse—, mientras que los ICO Ucrania se encuentran en fases más tempranas. Pero la dinámica es la misma, y el riesgo de reproducir el mismo patrón es real si no se anticipa.
Por qué no se puede renegociar el ICO de forma aislada
Uno de los errores más frecuentes —y más costosos— que cometen las empresas en esta situación es intentar renegociar el tramo ICO de forma independiente, como si fuera una operación más dentro de su cartera de deuda.
En la práctica, esto tiene un alcance muy limitado por una razón estructural: el banco que gestiona el crédito ICO está sujeto a condicionantes regulatorios específicos sobre operaciones con aval público. No puede modificar condiciones sin que exista un marco más amplio que lo justifique y que alinee a todas las partes — aunque quiera hacerlo.
Intentar negociar el ICO de forma aislada, sin una estructura de reestructuración que lo respalde, genera dos problemas simultáneos: primero, el banco tiene un margen de maniobra estructuralmente limitado por el aval; segundo, se consume tiempo y capital político con las entidades antes de haber diseñado una solución coherente que ellas puedan apoyar.
La estrategia efectiva: integrar el ICO dentro de una reestructuración global
Lo que está demostrando ser efectivo en este entorno es una aproximación distinta: no negociar el ICO directamente, sino utilizarlo como parte de una reestructuración más amplia que incluya el conjunto del pasivo financiero.
La lógica es la siguiente: el banco tiene una capacidad de actuación limitada sobre la deuda avalada, pero mucho mayor sobre la deuda ordinaria no avalada. Esa flexibilidad sobre la deuda no avalada es la palanca que permite construir una solución que, en su conjunto, también incluya y resuelva el tramo ICO.
En términos prácticos, esto implica:
- Utilizar la deuda no avalada como palanca de negociación con las entidades financieras.
- Diseñar una solución conjunta que alinee los intereses de todos los acreedores financieros.
- Generar los incentivos adecuados para que las entidades apoyen una reestructuración global que incluya el tramo ICO.
- Activar el proceso antes de que los vencimientos generen una situación de bloqueo operativo.
Qué pueden hacer hoy las empresas con deuda ICO
Para las compañías que se encuentran en esta situación, las acciones prioritarias son:
- Calcular el margen temporal real — cuándo vence el ICO bajo el marco ordinario y si ese plazo es suficiente para resolver el problema de fondo.
- Evaluar la viabilidad del negocio — un PDR no resuelve problemas estructurales de negocio; es una herramienta para empresas con capacidad real de generar caja futura.
- Analizar la posición frente al conjunto del pool bancario — no solo frente al banco que gestiona el ICO.
- Diseñar una estrategia que integre todo el pasivo financiero, no solo el tramo ICO. La deuda no avalada es la palanca.
- Activar el proceso con antelación suficiente — con dos años de margen hasta 2028, el momento de actuar es ahora, no cuando el vencimiento esté encima.
Conclusión
La deuda ICO ha dejado de ser un instrumento de flexibilidad financiera para convertirse en un condicionante estructural del pasivo. El problema no es el banco — es el aval público y el marco regulatorio que lo rodea. Y ese problema no se resuelve negociando bilateralmente, con independencia de si las ventanas están abiertas o cerradas.
Para las empresas con volumen relevante de deuda ICO COVID, el calendario añade urgencia: con vencimientos máximos en torno a 2028 bajo el marco ordinario, el margen para construir una solución es de dos años. Esperar no es una estrategia.
La diferencia entre una solución viable y un callejón sin salida no está en la voluntad del banco. Está en si la empresa es realmente viable, si el planteamiento integra todo el pasivo y si el proceso se activa con tiempo suficiente para construir el marco que lo haga posible.
Cómo puede ayudar Polaris
En situaciones donde el problema es estructural y regulatorio, la diferencia no está en negociar mejor, sino en plantear correctamente la operación desde el inicio. Si tu compañía enfrenta vencimientos de deuda ICO o limitaciones para refinanciar, el momento de analizarlo es antes de que las opciones se cierren.
Hablar con Polaris